La horticultura terapéutica: una forma de cultivar salud y bienestar

¿Te has sentido alguna vez mejor al sembrar una planta, cuidarla y cosechar sus frutos? Si es así, has experimentado los beneficios de la horticultura terapéutica, una disciplina que nos permite estar en contacto directo con la naturaleza y mejorar nuestra salud física, mental y emocional.

La terapia hortícola, también llamada hortiterapia, consiste en el uso de plantas y actividades relacionadas con la jardinería y el cultivo como medio para favorecer el desarrollo personal, la rehabilitación y la integración social de las personas.

Esta terapia se puede aplicar a diferentes grupos de población, como niños, adultos mayores, personas con discapacidad, enfermos mentales, reclusos, refugiados, entre otros. Se puede realizar tanto en espacios interiores como exteriores, adaptando las actividades y los objetivos a las necesidades y capacidades de cada individuo.

¿Qué beneficios tiene la horticultura terapéutica?

Numerosos estudios han demostrado que esta disciplina tiene efectos positivos en diversos aspectos de la salud y el bienestar de las personas.

Algunos de estos beneficios son:

  • Mejora la salud física. Como mencionamos anteriormente, la horticultura terapéutica puede mejorar la movilidad y coordinación, la fuerza muscular, la resistencia, la circulación sanguínea, el sistema inmunológico y la calidad del sueño. Además, al cultivar nuestros propios alimentos, podemos consumir productos frescos, orgánicos y nutritivos, lo que beneficia nuestra alimentación y previene enfermedades.
  • Estimula la salud mental. Se trata de una terapia que nos permite ejercitar nuestra mente en un entorno natural, lo que favorece la atención, la memoria, el aprendizaje, la creatividad, la resolución de problemas y la autoestima. Asimismo, al estar en contacto con la naturaleza, podemos experimentar sensaciones de calma, alegría, satisfacción y gratitud.
  • Fomenta la salud emocional. La horticultura terapéutica nos ayuda a expresar y regular nuestras emociones, a reducir el estrés, la ansiedad y la depresión, a mejorar el estado de ánimo y el bienestar psicológico, y a prevenir el aislamiento y la soledad. Además, al cuidar de las plantas, podemos desarrollar sentimientos de empatía, responsabilidad, cuidado y amor.
  • Promueve la salud social. La horticultura terapéutica nos brinda la oportunidad de relacionarnos con otras personas que comparten nuestro interés por las plantas, lo que facilita la comunicación, la cooperación, el apoyo mutuo, la amistad y el sentido de pertenencia. También nos permite participar en proyectos comunitarios que contribuyen al cuidado del medio ambiente y al desarrollo sostenible.

¿Cómo puedo cultivar fácilmente?

Para cultivar plantas, no es necesario contar con un gran espacio ni con muchos recursos. Lo importante es tener ganas de aprender, de disfrutar y de mejorar tu vida. Algunas formas de practicar la horticultura terapéutica son:

  • Cultivar un huerto en casa. Puedes aprovechar el espacio que tengas disponible, ya sea un jardín, un balcón, una terraza o una ventana, para cultivar tus propias plantas. Puedes elegir entre una gran variedad de especies, como verduras, frutas, hierbas aromáticas, flores, etc. Lo ideal es que utilices semillas ecológicas, tierra orgánica, fertilizantes naturales y métodos de riego eficientes.
  • Participar en un taller de jardinería. Puedes inscribirte en un taller de jardinería que se imparta en tu zona, donde podrás aprender sobre las técnicas y los cuidados de las plantas, y compartir experiencias con otras personas. También puedes buscar un terapeuta hortícola certificado que te oriente y te acompañe en el proceso.
  • Unirte a un huerto comunitario. Puedes formar parte de un huerto comunitario, donde podrás cultivar plantas junto con otras personas, y beneficiarte de los recursos y el apoyo que se ofrecen. Además, podrás participar en actividades educativas, culturales y sociales que se organicen en el huerto.

Descubre cómo cuidar plantas mejora tu vida

La horticultura terapéutica es una forma de cultivar salud y bienestar a través del contacto con las plantas y la naturaleza. Esta terapia nos ofrece múltiples beneficios para nuestra salud física, mental, emocional y social, y nos permite mejorar nuestra calidad de vida. Además, es una actividad accesible, divertida y enriquecedora, que podemos practicar en casa, en talleres o en huertos comunitarios.

Pero esta no solo se limita a los beneficios físicos, mentales y emocionales individuales, sino que también tiene un impacto más amplio en la comunidad y el medio ambiente. Al sumergirse en el mundo de la jardinería, las personas se vuelven más conscientes de su entorno natural, lo que puede llevar a una mayor apreciación y esfuerzos para preservar nuestro ecosistema.

La conexión con la tierra tiene un efecto tranquilizador; cavar, plantar y cuidar las plantas puede ser una experiencia meditativa. Esta práctica permite a las personas desacelerar en un mundo que a menudo es frenético y estresante. La paciencia se cultiva cuando nos tomamos el tiempo para nutrir una planta desde la semilla hasta la floración o la cosecha.

Además, hay un sentido profundo de logro y gratificación que tiene con ver los resultados tangibles de nuestros esfuerzos. Cada brote que emerge del suelo o fruto que se cosecha es una validación del cuidado y la atención dedicados.

En un nivel comunitario, los jardines compartidos pueden convertirse en espacios de encuentro social donde las personas se reúnen para cultivar no solo plantas sino también relaciones. Estos espacios verdes fomentan un sentido de comunidad; cada miembro juega un papel vital en el crecimiento colectivo del jardín.

La educación también tiene un rol crucial en la terapia hortícola. A través del aprendizaje continuo sobre técnicas agrícolas sostenibles, control natural de plagas y compostaje, los individuos pueden aplicar estos conocimientos para reducir su huella ambiental.

En términos terapéuticos más profundos, algunos encuentran consuelo en los ciclos naturales del jardín: crecimiento, decadencia y regeneración. Estos ciclos reflejan la naturaleza efímera pero renovable de nuestra propia existencia.

Por último, aunque ciertamente no menos importante, está el arte inherente a la jardinería: seleccionar combinaciones de colores armoniosas; planificar diseños estéticamente agradables; podar y modelar las plantas para crear formas originales; y decorar el espacio con elementos naturales o reciclados.

Si te has decidido a cultivar en casa, te recomendamos que empieces con plantones, será mucho más sencillo que germinar las semillas. Además, te animamos a que experimentes el placer de acudir a tu tienda de plantas más cercana y pedir consejos a los tenderos para elegir el mejor cultivo en función de la época del año, condiciones meteorológicas, espacio disponible, etc.

En definitiva, la horticultura terapéutica nos permite expresar nuestra creatividad y personalidad a través de las plantas, así como canalizar mucho mejor nuestras emociones y sentimientos. Si no sabes cómo empezar, te invitamos a probar GrowersGo, una App con la que podrás mejorar tu vida cuidando plantas. Además, en ella encontrarás todo tipo de instrucciones e indicaciones para crear tu propio huerto en casa paso a paso.

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Cultiva, progresa y vive plenamente.

 

Referencia:

Liria JC. Proyecto de huertos terapéuticos para personas usuarias con esquizofrenia en el poniente almeriense: Tog [Internet]. 2022 [citado el 4 de agosto de 2023];19(1):69–72. Disponible en: https://cutt.ly/AwLd2s7U 

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